miércoles, 19 de mayo de 2010

MIRADAS


Sé que tenía que suceder y ha sucedido; así de simple, sin darle muchas vueltas a este tema. Estoy detrás de mi balcón con la cuerda de nylon sintético, perfectamente atado en su punta un gancho de vástago con seguro, muy ligero, para poder lanzarlo con facilidad. Tengo arrimada al borde la pértiga de cuatro metros con marcas simétricas, equilibradas, para poder agarrarla con las manos; también tengo puestas las zapatillas con suela de badana, y un culotte largo, completamente ceñido a mis piernas. Sólo me quedaba tener suerte al lanzar el arpón al otro lado, y parece que la he tenido, se ha quedado enganchado, a la primera, entre dos filigranas forjadas y el refuerzo superior de su balconada; por otro lado, los ocho metros calculados son correctos, al tensar fuertemente la cuerda me quedan dos metros holgados para hacer un robusto nudo ballestrinque. Miro hacía abajo: los seis pisos que me separan de los coches aparcados, y de los escasos viandantes que transitan a estas horas de la mañana, me dan cierto respeto, pero no estoy nervioso. Me subo al borde del balcón, cojo la pértiga, la equilibro con mis manos sobre las marcas. Mis zapatillas se adaptan al nylon, siento la presión sobre la planta de mis pies, y comienzo muy despacio el movimiento pausado: un pie y otro, (en la punta de uno, el talón del otro), mirando al frente. Presiento que en la calle ya hay gente observando el número circense, oigo sus voces, sus gritos, pero mis ojos están al frente. Por fin ella ha salido al balcón, y me ha mirado extasiada. Mis ojos ya no le son indiferentes.
Ya me habían dicho que en el amor todo empieza por una mirada penetrante. Ella nunca quiso tomar ni un triste café conmigo.

2 comentarios:

Anita Noire dijo...

Por favor ¿Puede indicarmen donde venden esas pértigas? Preciso una mirada penetrante que no llega.

KENIT dijo...

Anita. El funanbolista es un aventurero, quizás un desesperado. La pértiga es como un ansiolítico que le permite mantener el equilibrio. Un Saludo grande.