lunes, 3 de mayo de 2010

CALLES




No cabe duda de que al paso de los años uno se hace más sutil. Más falso.
De tanto andar por la ciudad aprendes a mirar de forma obtusa.
Y vas pisando las palomas que comen en las manos de los niños.
Y no te para ni la sangría del sol en las cálidas tardes de verano.
Cuando llega la noche subes por los angostos terraplenes.
Pasas las vías del tren, y llegas a nidos iluminados.
Donde cuelgan asustados los murciélagos.
El paso de los años te hace más vil, más huidizo.
La ciudad te escupe por todas las esquinas sus arrogantes anuncios.
Las caras de papel son atroces y felices y te besan en los labios.
Ya no amas. Ya no dices palabras de amor hacía la luna.
Y un pesado reloj cuelga de ti marcándote la vida.