jueves, 27 de mayo de 2010

PALOMA


Florianito tenía cara de habichuela, no en su forma estricta, sino en el contorno de la cara, algo aplastada y con una curvatura un tanto desajustada. El Señor Victorino, el maestro, siempre lo sentaba en la primera mesa porque atendía bien y machacaba las cosas para aprenderlas de memoria. El problema de Florianito empezó con el catecismo y el alma, algo tan difícil de explicar que hoy en día aún seguimos esperando a que nos den explicaciones fidedignas. Para don Victorino el alma estaba dentro de nosotros en la zona del corazón, allí ponía la mano, y allí entendía Florianito que estaba el alma, debajo de su corazoncito que se movía tenuemente al lado de su camiseta de felpa. Otra de las cosas que Victorino nos decía era cómo salía el alma cuando nos moríamos, Florianito lo entendió a la primera, cuando nos moríamos el alma salía en forma de paloma, y era por la boca, porque moríamos boca arriba, todos moríamos boca arriba. Todo era así de simple, las tardes del invierno se hacían muy largas hasta las cinco de la tarde, porque había pasado el sol, y pasaban las nubes, y había llovido en todo aquel tiempo, y se habían posado infinidad de estorninos sobre el calor de la chimenea que dejaba salir el humo denso de la estufa, quemando húmedos trozos de roble. El caso es que Florianito quedó preocupado por aquella sabiduría que no tenía una explicación racional; y cuando salio de la escuela con aquella maletita de madera: con el parvulito dentro, y la pizarra y tres lápices de colores, el estuche de plumas y el palillero; y puede que muchas estampas de santos y flores; Florianito iba roto por las dudas, caminaba más despacio porque ahora el alma iba allí con el, al lado de su corazón y no quería molestarla si corría, y cuando llegó a casa, lo primero que hizo fue subir al piso de arriba para entreabrir la puerta de la habitación de la abuela y verla allí delgadita, el pelo canoso estirado y largo, posado hacía atrás, sus manos pequeñitas, y sobre todo su boca, por donde quizás muy pronto saldría una paloma blanca hacía el cielo; un acontecimiento que no se quería perder.

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