lunes, 7 de junio de 2010

AP6



Esta pequeña nota la escribo apresurado sobre el volante de mi coche, mientras espero aparcado en el área de servicio de la AP6, en Villalba. No tengo mucho tiempo para andar con descripciones. Es junio y por ahí arriba está todo azul, no hay ni una nube. Siento el paso de los grandes camiones moviendo el aire; y no percibo muchas más sensaciones de mi entorno; aparte de un intenso olor a neumático y asfalto (brisa inexistente; a veces, alguna sensación de sofoco). Ahora mismo me encuentro plenamente ansioso. Tengo la impresión de que me vienen siguiendo desde Adanero -y esto (creo) no es ninguna manía persecutoria- He mirado una y otra vez por el retrovisor y los he visto; han ido intercalando los coches para no ser detectados: primero un Alfa Romeo, luego un Passat, un Citroen C5, un Mercedes SL 350, un BMW, impecable, de última generación, y de gran cilindrada [etc.]. Ahora mismo reflexiono qué hacer. He parado porque necesito pensar y escribir esto (mi mujer lleva un cuarto de hora en el baño). La nota la dejaré en la guantera. No sé quién quiere acabar conmigo; ni por qué motivo.
Para qué quiero decir más nada; ni como me encuentro; ni lo que llevo vestido; ni si existe algún motivo para estar angustiado; ni si, a ciencia cierta, alguien desea detectar mi presencia por un error manifiesto. Mientras conducía he venido reflexionando sobre todos los actos, y el dolor que he podido causar en otros, y me he dado cuenta de que, sin ningún género de dudas, me debería declarar culpable.
La nota la he dejado metida entre el seguro del coche y la carta de circulación.
Mi mujer acaba de salir del servicio, y se dirige hacía aquí. En estos instantes no sé si ha venido notando mi nerviosismo, o también tiene conciencia de a quién nos enfrentamos. Cuando viajamos no hablamos mucho, es una prolongación de nuestra vida en el salón de casa. De todas formas no quisiera implicarla en nada de esto, quizás debiera arrancar el coche y marcharme, continuar este viaje sin ella.
-Creo que es lo mejor.
-Deberé hacerlo.
La veo ahí con las manos levantadas, luego su dedo en la sien, gesticulando; ahora, a ciencia cierta, ya casi no la distingo en mi retrovisor…; sólo aparece un Audi A8, de color gris que va muy cerca de mí, y la mancha azul del cielo, y unos ojos que me miran fijamente y que ahora mismo no puedo reconocer
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