lunes, 26 de julio de 2010

AGÜERO


No estaba descrita en el bestiario. Como iba a estarlo aquella “coruxa” insomne que regresaba todas las noches al “carozo” de roble en el huerto de Doña Brígida. Cuando la “coruxa” llegaba en las cortas noches de agosto y coincidía luna llena era para llevarse un alma y ponerla a penar. Nadie sabe por que era en agosto, y no en otro mes cuando aquel enorme pájaro de plumas pardas miraba a todo lo que se arrastraba en plena noche ya hubiese luna llena o casi crecida a llena, no valía otra luna. Doña Brígida que vivía sola por cosas de la vida lo veía llegar a eso de las doce de la noche en plena canícula, cuando el sopor nos hace sudar desnudos. Se ponía sobre el arco mediano del roble, y se quedaba quieta girando lentamente su cabeza hacia los lados como si llevara una escafandra, sus ojos se posaban en todo lo viviente, y cuando la luz de la luna estaba allí todo lo amplia que daba el cielo, empezaba acompasadamente con los graznidos que resonaban entre las casas, sin resuello, hasta casi las cuatro de la mañana, o hasta que el último débil empezaba a morir y a penar.

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