miércoles, 25 de agosto de 2010

PROPPER.


Cómo era aquello que le decía que me daban ganas de matarla a besos, o que la iba a desgastar con la lengua como a un caramelo de palo ¡Pero qué va!
Cuando venía en el tren siempre era en el último vagón, y yo pasaba revista a todos los que habían trabajado y caminaban por el andén, se les notaba con aquella cara de serios. Pero algunas veces también venían viajeros que reían.
Entonces aparecía ella con aquella sonrisa, y yo ponía la cara de Mister Propper, el que dibujan los niños con la risa mucho más para arriba que como salía en la tele.
Abrazarla, era para que me oliese a camelias, y luego le ponía mi boca en el cuello, y me venía aquel impulso, me crecían los colmillos y la mordía y le chupaba la sangre.
Al final, ¡qué va!, no la mordía, sentía su perfume, y el resto del olor, y me ponía tonto, tonto, con la cara de Mister Propper a lo tierno
Esas cosas no se olvidan. Aún está el reloj. Del andén no queda nada. Bueno queda la fachada de ladrillo.
Ayer estuve allí.
Cerré los ojos, y soñé que me abrazaban, y me vino como un poco de perfume a camelia.

4 comentarios:

MagaRl dijo...

Me has hecho cerrar los ojos, y sentir otro abrazo,percibir otro olor, y ver otra sonrisa de Mr. Propper con este relato... Gracias!

KENIT dijo...

Gracias, Magari. Un abrazo

belunática dijo...

Wow, me gustaría oler a camelias y que abrazaran mi perfume

KENIT dijo...

Un beso. El olor de las camelias es especial.