lunes, 27 de septiembre de 2010

EL ANCIANO Y SUS CALCETINES.


Dado mi ciática en la zona lumbar derecha que me impide doblarme con facilidad, me compré un aparato para ponerme los calcetines. Lleva un mango alargado telescópico como una caña de pescar, acabado en un pequeño círculo de alambre cromado, colocas el calcetín en la punta del útil y tratas de ponértelo de pie en el pie. Hoy lo estrenaba.

Pues estuve por toda la casa andando en calzoncillos con el aparato haber si cogía el pie derecho pero no hubo manera, yo levantaba el pie intentaba cazarlo como si fuera una mariposa con mi útil, y nada, que no lo cazaba, estuve andando y andando sin suerte, mi pie siempre iba por delante. He llegado a la conclusión que este invento es un axioma imposible. Me ha valido treinta y ocho euros en una tienda de ortopedia.

Los lunes no son buenos para los ancianos. Hoy me tocaba el masaje mensual pero no he ido. No me encontraba con fuerzas, este dolor me mata. Arancha me hace masajes linfáticos. Con los nudillos dice que me va siguiendo la linfa, por la columna los dos nudillos bajando y subiendo, me da la vuelta en la camilla y me acaricia las tetillas y luego me pasa la mano por la entrepierna varias veces, si se me pone dura me hace una paja. La sesión son cincuenta euros.

Voy a la tienda con el aparato de los calcetines. Es una señora oblonga de esas que te apetecía follar en la época de Paco y que ahora no se llevan, aunque aún siguen existiendo degenerados. Le digo, señora pues como que no me pesco el pie que lo quería cambiar por algo más útil, y ella me dice quizás no lo haga usted bien, y yo le dije, mire me descalzo, me quito el calcetín y lo probamos, y a la señora como que no le gustó la idea, pero yo insistí, me saqué el calcetín y comencé por la tienda a perseguir a mi pie, y la señora, pero oiga como quiere usted coger al pie así, de esa forma, y va ella y me para, se me pone por detrás como a un niño, y le siento aquellas tetazas contra mi espina dorsal, y yo, y yo, y yo, que me pongo nervioso, mira, que me da un respingo en la ingle, y que vamos y que nos caemos en la moqueta. La señora siempre de lado.

Salí de la tienda con otro útil para leer libros en la cama, es como un atril automatizado lleva un motorcito eléctrico que te pasa las hojas cuando calcas un botón, el caso es que tuve que poner treinta euros más encima.

Me viene siempre ese dolor de espalda.

Morirse no debe ser suficiente.

2 comentarios:

Poma dijo...

Si las matemáticas no me fallan , sale más a cuenta el masajito. Dejesé de artilugios, pueden ser su ruina.

KENIT dijo...

No es mal consejo, Poma. Un abrazo.