miércoles, 29 de septiembre de 2010

A LAS 8 AM.


Olía tremendamente a gas pero no me di cuenta. Salí lanzado por los aires a las 14 horas PM, y fui subiendo como una hoja seca. Al principio pensé que mi destino era la magnetosfera. Visto así a vista de pájaro es como si todos quisieran volar como tú. El caso es que no iba completo: mi cabeza por un lado, brazos y extremidades inferiores por otro, y el corazón, qué sé yo por dónde iba, pero no iba conmigo, fue entonces cuando comprendí que no hacía falta para nada).
Junto a mi subía Eulogio, el quiosquero, mucho más descuartizado, fue plena onda expansiva, y era un trocito aquí y allá mucho más arriba de donde vuelan los azores. Lo vi pasar raudo, tan deshecho que no supe con que parte hablar. De todas formas, cuando nos caímos en el suelo éramos todo uno.
Las explosiones de gas tienen algo inmediato, que te deja pensar un poco pero no sabes en realidad quién eres.
En la sidrería sólo se ha salvado la cocinera por ir a cambiarse el tampax. La vida es así. Si me hubiera dado por ir a mear no estaría contándoos esto (tan apresurado), un domingo 1 de enero a las 14 horas PM.

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