domingo, 12 de septiembre de 2010

MAREA.


La montaña se apareció de repente. Estaba soñando. Es lo más inmediato que recuerdo al despertar. Hoy deberías llevarme por la playa de la mano, no hay nada mejor que hacer, acostumbrados como estamos a vivir de sobresaltos. Deberías llevarme a conocer lo que esconde la marea más baja, cómo de escondido estaba todo cuando en el invierno las olas rozaban el malecón. Llévame. En la montaña ya acabo de estar soñando, bájame al mar, tengo miedo de que un día ya no estés, no se trata de viajar, está aquí cerca, es sólo bajar por un camino. Llévame contigo. No hay que dormirse para soñar.

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