lunes, 8 de noviembre de 2010

NO HAYA OTRO MUNDO PARA VERTE.


Perduras. Y te me haces en mi boca como si fueras un caramelo de vainilla. Y te recuerdo cuando íbamos a donde el agua era como orujo, traslucido, que en cada gota iba un reflejo con nuestras caras dibujadas, tus coletas no cabían, tus ojos eran así, no sé cómo decirlo. Y olía a alcohol y a hierba buena.

Y luego las chimeneas, que en Noviembre dejaban humo muy largo encogiéndose por el viento en una carretera infinita que sobre el cielo parecía un rastro difuminado de pensamientos.

Y ya estábamos enamorados como si el mundo fuera a acabarse y en el coche de línea llegase Satanás para santificarnos por todos los segundos de los segundos, no hacía falta contar por siglos.

Y estabas allí con tus manitas en forma de corazón que me apretaban despacio para transmitirme latidos y latidos.

Y éramos niños de hace tantos años que apenas si existimos.

Y no sé nada de ti.

Y te recuerdo, por si acaso tengo que morirme, y no haya otro mundo para verte.

2 comentarios:

Poma dijo...

Quien no recuerda ese primer amor con dulzura.

KENIT dijo...

Sí, no se olvida.Un abrazo.