martes, 21 de diciembre de 2010

HASTA EL FINAL.


La de arriba ha puesto el chocolatero a lo alto la lleva, la de abajo el caballo viejo; y yo pienso que a pesar de la crisis esta noche las han follado de lo lindo por lo contentas que están.

Me he abierto los ojos delante del espejo del baño y ya estaba con la polla fuera meando encima de la tapa del vater, es la enésima vez que me pasa, luego aquel riachuelo amarillo por el suelo. A ciencia cierta siempre se dirige hacía la puerta.

Esta noche estuve leyendo a Walt Whitman hasta tarde, y ahora mismo tengo ese rastro de borrachera en la garganta (un extraño sabor de boca), tengo versos en las amígdalas y varios poemas sin digerir por la parte del esófago, alguno anda mezclado por el suelo, en esa distracción, y va camino de la alfombra del pasillo.

En la cocina tengo una radio pegada a la pared y sobre un armario de platos he puesto hojas de eucalipto, y Noelia ha hecho café antes de marcharse, así que me huele raro, no sé cómo decirlo, me huele de color marrón.

Y dice la radio que han llevado una estatua de Chillida al chatarrero y que han pedido treinta euros. Qué hijos de la gran putada, si es que el arte está tirao.

He visto sobre la ventana una mariposa del invierno que da vueltas y deja un rastro de cenizas y busca más luz o no sé lo que ve o si piensa o si sabe donde está y sorbo café que me sabe a chicoria y en esta posición veo algo de cielo a través de un cristal que queda encima y en esta postura tengo que mirar el reloj que cuelga sobre azulejos blancos entre una marca exacta de cenefas de flores y me levanto y abro la ventana y cojo la mariposa del invierno en el hueco de mi mano en forma de puño y la suelto y la veo caerse ingrávida al precipicio porque en realidad no quería suicidarse.

La mariposa dejó sobre el cristal una filigrana, da dos vueltas, sobre otra vuelta y luego es recto y vuelve a bajar en pico y se rubrica sobre si misma en un difuminado, y así, con ese fondo tenue de color del hielo que da la claridad, talmente se me parece a un Miró en todo su esplendor (siete coma ocho euros en el mercado negro).

También tengo una nevera, y sobre la puerta de la nevera cantidad de figurillas pegadas por un imán que lleva detrás, muchos Bob Esponja de color amarillo y cromos de todos los colores.

He oído una aspiradora y por el patio he visto caerse hojas de geranio sobre la mariposa del invierno. Al abrir el agua fría para lavar la taza del café siento en mis manos esa sensación extraña de que debo estar vivo, y cierro el agua y la abro, y vuelvo a cerrarla; en el filtro del fregadero hay mucha mierda, trozos de zanahoria y pan blanco machacado.

Whitman estuvo una vez en un bosque y le dio por cantar y descalzarse para caminar sobre agujas de pino, y el bosque, que daba al mar le hizo ver el azul, y el azul que estaba encima de una ciudad le hizo vagar por calles empinadas, y en la ciudad que tenía gentes variopintas le hizo mirar a otros ojos, y los ojos que tenían alma le hizo comprender a las personas, a los negros a los blancos; y entonces Whitman hizo un poema sobre árboles grandiosos y sobre un mar y sobre una ciudad y sobre hombres y mujeres de todas las razas.

Y yo estoy arrimado a la marcación de la puerta de la cocina y miro al pasillo con un rastro de humedad, y me parece un abismo, no puedo deciros lo largo que es, y hasta donde llega; ni si algún día podré llegar hasta el final.

3 comentarios:

Anita Noire dijo...

Si el abismo es blanco sólo mira, si es amarillo te toca ir a por la fregona. En cualquier caso, ve poniendo una cinta con el Fary. Buen día Kenit.

Poma dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Poma dijo...

..Esplendor en el pasillo...
Citando a Walt, me has llegaooo Kenit.