martes, 1 de febrero de 2011

AGITADO CORAZÓN EN MIS OÍDOS.


Cuando murió mi gato se me pasó por la cabeza tirarlo al contenedor de inertes, pero fui hasta allí con mi gato metido en una bolsa de plástico negra, y al abrir el contenedor lo vi repleto de conchas de mejillones y restos de bacalao al pil pil,
y me dije,
no,
mi gato no puede ser tirado ahí y triturado con todo eso, recuerdo,
era por la noche y tuve que mirar al cielo buscando al Dios de los gatos, y no estaba,
y me dije: no importa,
por el Dios de los hombres yo a mi gato no lo tiro ahí para que lo machaque el camión de la basura entre restos de bacalao al pil pil y conchas de mejillones malolientes.
Cogí a mi gato, ya sabes como van los gatos muertos dentro de una bolsa,
encogidos,
las piernas de delante juntas a las piernas de atrás, como si fueran corriendo por la selva, y resulta que mi gato no corría, estaba muerto.
Yo sé, que tener lástima por mi gato, de esta forma que os cuento,
es pasarme un poco.
Ayer, por ejemplo, en la cola del paro me hice tres amigos.
-los llamaré los amigos de la cola del 30 de Enero del 2011, lunes, a las doce de la mañana, por si luego se me olvida-.
Hablando con ellos me dijeron que tenían gato, y que eran de color negro.
Nada supersticiosos, mis amigos de la cola de los desamparados.
Como decía,
tener lástima por mi gato, no es de recibo.
Hay otros ojos y otras piernas y otros brazos, descoyuntados,
y además cuatro paredes llenas de hostias.
Y detrás de ellas, aparentemente, mucho sufrimiento: hostias y hostias, y cuchillos;
y ojos perdidos y enfermos extrañamente inertes.
-Cuando voy por una avenida, miro a las casas, así, de refilón, y pienso eso.
Como cuando pasa una ambulancia y te dices: posiblemente vaya alguien muriéndose, o alguien naciendo boca arriba-.

Vuelvo con mi gato en su bolsa negra.
Estaba yo, mi bolsa con el gato, y el cielo, y una mujer limpiando las calles,
y las luces amarillas, y aquel frío.
Volver con mi gato así, ya era un entierro, desde el momento en que pensé en la divinidad y en el Dios de los gatos que lo puede todo.
Desde ese mismo momento ya era un gato que llevaba un alma dentro.
Y entonces, antes de entrar en el portal, me quedé parado.
Y recé:
gato nuestro que estas en los cielos…, tres veces,
Santa Maria madre de dios…, cuatro veces,
creo en Dios padre todo poderoso…, una vez,
Y así,
subí las escaleras con cierta lentitud y parsimonia ceremoniosa- era un entierro-.
Entraba en mi casa con un alma, ya era un ser de Dios todo poderoso.
Salí a la terraza.
Tenía un tiesto largo cargado de geranios rojos, extrañamente,
eran supersticiosas flores.
Los arranqué de cuajo.
Cogí a mi gato, aún era largamente hermoso, con sus grandes ojos azulados y profundos, aún abiertos, y lo besé en el medio de la frente.
Levanté mi mano y le hice la señal de la cruz metiéndolo en el fondo de aquel tiesto.
Tenía papel de celofán, y una tela de terciopelo verde oscuro.
Se lo puese encima, también le tiré unos pétalos de flores rojas de geranio.
Y lentamente lo tapé a puñados con la negra tierra.
Arrastré el tiesto a un lugar preferente de mi terraza, con una pequeñita cruz de dos palillos mondadientes,
y así,
de pie,
recé una oración que me inventé yo mismo:

Gato que me has amado
Gato que me has mirado como una hucha todas las noches.
Gato que has jugado conmigo.
Gato que has escuchado por mí.
Gato que has dormido en mi regazo.
Gato de mi alma, que ahora estás en el cielo de los gatos, ven a verme por las noches,
estoy tan sólo.
Mírame con tus ojos del color del mar y déjame sentir tú ronroneo y agitado corazón en mis oídos.

(Sobre la tumba de mi gato presiento que saldrán geranios rojos.Es una premonición).


1 comentario:

Poma dijo...

Kenit ,tú y tu gato y el entirro, me has recordado ese pasaje ;..Y cuando no te quede nada , inventa un ritual y cumplelo...(The Road.Cormarc MaCarty )