sábado, 19 de febrero de 2011

POR EL MAR NUNCA PASA EL TIEMPO.

El tiempo es como un papel de celofán aplastadito dentro de un libro, que lo encuentras allí por casualidad. El tiempo también es encontrarte a tí por la calle (después de muchos años) y ver tus mofletitos o tú escuálida mirada, y preguntarse como me ves tú a mí y cómo te veo yo a tí.
Más tarde que temprano habrá una relativa brevedad, o un gran espacio entre sucesos y muchos mojones en el camino por donde hemos pasado, a veces, dejando rastros de desamor y desesperación en los otros que quizás nos querían.

-Tengo cuarenta y nueve azulejos del baño abombados, preñaditos.

Ayer cuando me afeitaba estuve apunto de dejarme bigote. Ayer vino a verme un trozo de tiempo de mi vida y tuve que cerrar la puerta para no recordar. Ayer cuando estuve en el baño me vino un extraño vacío en el último apretoncito. Y luego fue cuando encontré el papel de celofán en el libro que aún olía a chocolate. Y luego cuando intentaba recordar cómo y cuando puse aquel papelito allí me vino a la cabeza que eso es detener el tiempo, sin darnos cuenta.

Ya me fijé el otro día que en el baño tengo media pared abombada, los azulejos están a punto de caerse. Llevan una extraña cenefa. Vaya forma de complicarse la vida. Mi baño acabará como un Miró, o como la sala de los abencerrajes.

Cuando vi tú cara de cachalote y tú viste mi cara de ojeroso con aquella extraña forma de guiñar compulsivamente el ojo izquierdo debiste de meditar, qué jodío, Cosme, sigue como una cabra, y yo medité: que cara de solete hinchado tiene este gilipollas. A mí en el pupitre, Herrera, siempre me olía a mierda.

Mi Ex vino ayer a casa y trajo un ramo de camelias pero no quise follarla, no me apetecía mucho. Para follar a mi ex hay que tener mucho estómago, y eso que no se afeita el coño. Cuando vi a mi ex, vi una parte de mi tiempo que no fue libre, y vi el otro tiempo en que pensaba como ser libre. Mi Ex con unas flores de camelia es muy peligrosa, algo así como la virgen de Fátima, pero en plan de: cariño, ¿no te apetece echar un polvo en la cocina?

A mi los polvos en la cocina me saben a faire, ya lo dije muchas veces. Siempre viendo la llamita del calentador con ese amarillento como si fuera el panteón de un heroico soldado desconocido.

Esto es una reputa crisis. Hoy estuve apunto de dejarme bigote. Son esas ocurrencias que tiene uno. Cuando me arregle los pelitos de la proyección externa del cornete inferior con la gilete, me corté un poquito debajo de la nariz. Tengo una sangre especialmente roja. Mi sangre podría ser cualquier sangre tirada por ahí. Esta es una hijoputada de crisis (la sangre se evapora), se ve en muchos sitios esta hijoputada de crisis.
Para arreglarme unos azulejos en el baño me vino a presupuestar un peruano, un boliviano, un marroquí, y el español que vino traía una tranca como un piano. Al final se lo llevó el peruano por ciento ochenta euros (hablando con él, mientras metía piedra, me dijo que había sido pescador en la bahía de Chimbote).
Ahora los chavales españoles no les gustan ciertas manualidades.

-Me cago en su puta madre, hay una crisis de cojones.
-A mi me gustaba mucho ir a la vendimia.
-Trabajabas como un cabrón.

A Cosme lo encontré por casualidad son esas cosas de que alguien te llama, y tú piensas que llevas mal la matrícula, y te paras. Cuando lo miré le di la vuelta al reloj de arena, y la arena empezó a gotear tan sequita por aquel diminuto orificio, y fueron unos instantes de extravío, como si el tiempo no llevase marcas, no lo conocía, y va y me dice, no te acuerdas del Cerdito, y sabes, fue inmediato el poder de aquella palabra (causa-efecto) era el Cerdito, aquel que nadie quería de compañero porque se tiraba unos pedos, extraordinarios pedos nauseabundos. A mí por orden alfabético me tocaba de compa de pupitre. Fue entonces que el reloj de arena se detuvo, y aquella cara mofletuda de solete pasó por mi cabeza de repente volviendo hacía atrás en el tiempo, pasando unos instantes un número increíble de imágenes e imágenes. El tiempo se detuvo.

Cuando se marchó mi ex, cogí la camelias y las despedacé. Los pétalos los fui desparramando en la taza del vater. Cuando estaba tirando los pétalos en la taza del vater era todo muy bello y me puse romántico y pensé que la tenía que haber follado, total, el tiempo va a ser el mismo, y ella se hubiera llevado un polvo, un polvo más o menos mirando el faire tampoco me implicaba mucho. Pero es que ya no me empalmo con ella si no me la chupa antes (me daba rabia decirle que me la chupase).
Mi ex y su coño sabrosón, tenía ese rastro entre gambón descongelado y un cocido de brócoli con muchos trozos de zanahoria, patatas, y trocitos de pimiento.
-Tampoco te creas que sabía tan mal.

Lo he dejado todo como estaba. Mi ex se fue como estaba. Mi cara sigue sin bigote. Mi amigo Cosme sigue con la misma cara de cerdo.
Mi baño es como un bodegón de Juan Gris.
Y yo acabo de tirar de la cadena para que los pétalos de las camelias se vayan de una puta vez al mar.
Sabes, por el mar nunca pasa el tiempo.

1 comentario:

Poma dijo...

En vez de petalos, si hubieseis enpolvado la cocina , sería aquello de pelillos s la mar...
And time goes by...