viernes, 15 de abril de 2011

SUBLIME EXPERIENCIA EXTRACORPÓREA.



…lo que viene de atrás son pensamientos irrelevantes que no transcribo, en el sentido más amplio que tiene la acción transcribir, es decir, no transcribo nada. Delante de mí hay una amplitud inmensa, sería imposible relatar lo grande que parece, es todo el campo verde por el suelo, azul por el cielo y por los lados interminable. Y lo que se me ocurre mirando todo esto, es si alguna vez he dado placer a algo o a alguien, digamos, placer a algo con dos patas, placer a algo con cuatro patas, descontados: insectos, reptiles, y peces.
He podido tirarme todo lo largo que soy sobre esta mullida alfombra de hierva y florecillas, y he podido cerrar los ojos para ser inanimado a los seres vivos que me rodean, intentando estar completamente al margen, sin conseguirlo, incluso al margen de Dios que está debajo de mí, sobre mí, y donde quiera que toques: Dios allí, sobre todas las cosas, incluidas las inanimadas; los hombres que lo crearon todo lo pusieron de dueño sobre lo vivo, lo viviente, sobre lo que ha vivido, sobre lo que vivirá.
De esta forma que estoy he girado. Se entiende por girar sobre mi culo. Considerando mi culo el punto de giro, considerando mi culo lo más idóneo para intentar girar por su equidistancia proporcionada. Ya estoy girado, sin dificultad girado. Ahora veo la inmensidad desde otro punto de vista, hay otra proporción en las distancias desde las colinas hasta mí. Veo la inclinación inmensa hacia arriba en forma de pendiente que no deseo subir, y hacía abajo varios cercados divisorios construidos de maderas carcomidas y trepados por zarzales. Y e aquí, que habiéndome puesto en una posición ciertamente preocupante, estando en un equilibrio totalmente inestable, aún así, sigo repasando por mi memoria, si alguna vez di placer a algo o a alguien, exceptuando insectos, reptiles y peces.
En esta nueva posición sigo sin estar al margen de Dios.
Me he cagado en Dios muchas veces por culpa de mi mismo.
Me arrepiento de haberme cagado en Dios.
Me he cagado en los hombres muchas veces que es como cagarme en Dios.
He hecho daño a los hombres muchas veces que es como hacérselo a Dios.
He adorado a Dios muchas veces después de haberme cagado en Él.
He robado a los hombres llenos de miseria, he maltratado a los hombres que es como maltratar al opulento Dios.
¿Y si Dios también es un asesino? (esto último con todas las reservas).

Elucubraba así, sin un sentido práctico, relacionando al creador de Dios con Dios, como tal. Es decir, si has creado algo puedes hacer con él lo que te plazca.
Elucubraba en una posición tremendamente inestable. Mientras la inmensidad se había puesto de un tono gris donde antes había plena luz. El tiempo había pasado, había pensado (circunstancialmente los pensamientos llevan tiempo.) En aquella posición me dije, es cuestión de un impulso. Hay ciertas leyes de la física creadas por el hombre que explican lo que, acaso, no ha creado Dios: la gravedad en el sentido de atracción hacía abajo y hacía los lados (hacía abajo le dicen peso). Como yo estaba sobre un plano inclinado había una línea de fuerza hacía los matorrales varias decenas de metros hacía la profundidad del todo, el todo era un límite en donde terminaba aquel abismo inmediato.
–Alguien puede pensar en el infierno, pero no era el infierno, al otro lado había ocho vacas pintas-.
Fue cuestión de una reflexión, me impuse aquella reflexión, déjate ir de forma secuencial, una vuelta a otra vuelta y así a otra vuelta que lleva a otra. Me encontraba feliz por dejar de pensar si en realidad había dado placer a algo, exceptuando insectos y peces, así que fue lo más fácil que os podéis imaginar. Di la primera vuelta y el resto vino rodado. Al principio fui lentamente, veía girar ahora las colinas, ahora el cielo, al principio muy ordenado, colinas, cielo, colinas, cielo…, pero llevaría como unas veinte vueltas cuando todo se difuminó, no sabia dónde estaban las colinas y dónde estaba el cielo, era como una vorágine y tuve que cerrar mis ojos hasta que sentí un estruendo, con cierto dolor sobre mi cuerpo, pinchacitos en mis muslos. Permanecí unos instantes, ciertamente confundido, como si no supiera donde estaba, una desorientación desproporcionada, pues calculado a groso modo habría dado unas doscientas ochenta y seis vueltas y media. Después de unos instantes, ya más sereno, abrí de nuevo mis ojos, y aunque yo estaba previsiblemente quieto, todo giraba en mi entorno, las colinas, la inmensidad gris, todo giraba ahora circumpolarmente; mientras sentía unas enormes ganas de vomitar todo lo que había estado pensando sin ningún sentido estructurado.
Qué me importará a mi mismo si alguna vez he dado placer a algo o a alguien, digamos, placer a algo con dos patas, placer a algo con cuatro patas, descontados: insectos, reptiles, y peces.
Lo que medito ahora es sobre este nuevo estado existencial, sobre esta sublime experiencia extracorpórea.


1 comentario:

Anita Noire dijo...

Hoy tendrás que disculparme, no he entendido nada. Debe ser que la postura del loto me sienta fatal y medito como el culo.
Besos