sábado, 9 de julio de 2011

LA OSCURIDAD DE MIS BRAZOS.


Me acabo de estirar todo lo largo que doy.
Me veo en el espejo del armario en la esquina derecha de la cama.
Un pingüino, de repente, se extravía de su manada y va caminando como un cura por la sabana helada setenta kilómetros o más hasta que se muere agotado.
No hay una razón explicable. Quizás la locura.
Hay un hormiguero en forma de montículo de hormigas rojas sobre un sendero lleno de restos de hojas resecas y maderas peladas. Sigues caminando unos veinte metros y observas una hormiguita perdida que lleva entre sus fauces diminutas un trocito de insecto. Si la observas detenidamente da vueltas en círculo, desorientada, perdida del pequeño nido apenas unos metros más abajo - es un mundo de desesperación-.
Mi padre una vez se marchó de casa como a las doce del medio día. Lo fuimos a denunciar a la guardia civil. Apareció al día siguiente lleno de arañazos, con los pantalones rotos y unas sandalias por donde se le veían los dedos de los pies ensangrentados. No sé aún cómo pudo volver. En qué momento se dio cuenta de que tenía que volver. Ni cómo se orientó para volver desde donde había salido.
Me estiro todo lo que doy. Me da gusto estar tirado sin nada que hacer. Me vienen cosas a la cabeza sobre olvidos. Esa sensación que existe en la que no sabes dónde esta el coche aparcado. O lo que ibas hacer un segundo después de ahora mismo. Muchos segundos de olvido de ti mismo.
De repente.
Me da por no saber lo que hago aquí.
Hay otra vuelta y es ponerme boca abajo.
Mi cara sumida dentro de la oscuridad de mis brazos.

3 comentarios:

ada dijo...

Gracias por leerme y tus comentarios siempre de tan buen karma :)) Muaaaak

Anita Noire dijo...

Últimamente tengo muchos olvidos de esos instantáneos. Debo estar haciéndome vieja. Besos

Lía dijo...

Es curioso, desde que despareció el vacío olvidarme de mí misma me resulta casi imposible..

Eso sí, ahora olvido olvidos cada cinco minutos..

Un abrazo, Kenit, voy a quedarme un ratito a pasear por tus textos.