jueves, 4 de agosto de 2011

INEXPLICABLEMENTE.


A veces me quedaba así mirando muy absorto. Conseguía poner los ojos en un punto. Sobre la mesa de mármol de la cocina quedaban granitos de azúcar y migas de corteza de pan. A ciencia cierta estos estados me sobrevienen cada vez con más frecuencia. No sé de qué parte de mi surge esa leve sensación de galbana, cansancio, como un estado de total ensimismamiento después de una dura jornada. A las diez de la noche la luz amarillenta me alumbra por la espalda, y sobre el mármol oscuro aparece una sombra mediana con el contorno de mi cabeza, mis hombros, y la penumbra inmediata de mis manos entrelazadas. He notado más de una vez, después de unos mínimos segundos que no puedo cuantificar, la extraña fuerza que me eleva lentamente a tres palmos del suelo, sin ninguna causa externa aparente, sin ninguna fuerza magnética que me impulse. Sí. Permanezco unos instantes levitando para luego girar, para luego avanzar, para luego quedar reposado de nuevo a unos metros de la cocina, en pleno pasillo, o dentro de una de las dos habitaciones. Allí me viene como un sobresalto al encontrarme parado, retornando la conciencia de repente, sintiendo un olvido casi total de lo más inmediato. Dudando de que el prodigio haya sucedido de nuevo, inexplicablemente.

No hay comentarios: