lunes, 26 de septiembre de 2011

GRANDIOSOS COLORES.


Cuando llenábamos ramos de laurel con galletas redondas a las que se les podía meter un dedo por el medio, y luego los llenábamos de caramelos que atábamos con hilo de coser, y luego papeles de celofán que eran de colores, deshilachados, y luego en la misma punta del ramo un lazo rosa de mis hermanas. Y luego los llenábamos con más cosas que no recuerdo. Los llenábamos.

Las galletas María se rompían por el medio.
Los hombres se morían y cerrábamos las ventanas para que no se quedase el alma.
Los llenábamos de... no me acuerdo.
Bueno, el ramo estaba repleto de todo cuando lo mirabas.

Era por Abril.
Llevo varios años pensando en cómo soñaba.
La antena de la radio era un hilo de cobre, la radio estaba tapada por un tapete blanco, la antena salía por la parte de atrás, iba hacía arriba, atravesaba las tablas del techo hasta el desván, por el desván de un lado al otro, enroscado sobre una viga carcomida, y salía una punta simple de alambre entre el hueco de las losas de pizarra, y por allí entraba todo, y era increíble, sí.
Era por Septiembre.
Cuando el sol se derretía muy rojo anunciando el vendaval. Por Noviembre.
Mis hermanas le daban a un mando en forma de ruedecita trasparente muy despacio, la radio hacía aquellos ruidos de ultramundo, y luego las ondas largas llegaban con los sonidos de jazz de la Big Band, desde el otro lado del mar. Ritmos extraños, irreconocibles. Eran sonidos acaramelados que iban y venían por el cable de cobre como si fueran azotados por el viento.
Júpiter en el cielo hacía el oeste por Octubre, y Venus en Diciembre por el sur.
La Vía Láctea como una lechera derramada.
Los murciélagos en Agosto desfilando antes de las doce de la noche.
El veinticuatro de junio, los muertos salían para abrazarnos.
La mula, como un camello, de Lulo de Erías, atada delante de la puerta de la escuela. Las patas de la mula como si fuera un puente. Yo siempre llegaba tarde con un maletín de madera, que algunas veces tenía un cristal dentro, y que cuando corrías se agitaba todo, dos lapiceros de colores y una pizarra con un marco de abedul en donde dibujaba filigranas. La mula pensando en lo suyo. Sentía desde dentro de la escuela la voz de Sarandeses en aquel ritual de la memoria, canturreaban. Me metí por debajo del puente, y la mula se dio cuenta. La patada fue tan grandiosa que volví a nacer aquel día.
A mi me gustaba mucho la hermana de la maestra de las niñas.
Se llamaba Mari Sol.
Era por Enero.
Por donde caía la nieve todo con forma de roscón blanco.
Los pájaros entraban en la sala ateridos de frío. Olía a todos dentro de la casa.
Por las noches las bombillas amarillentas con aquel sombrero blanco dejaban caer una claridad extraña.
Llevaban a Julia dando a luz sobre una escalera de madera envuelta en mantas
Yo estaba mirando una revista en blanco y negro de la Habana.
En la portada venía Lauren Bacal como una diosa.
Por Mayo eran grandiosos los colores.


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