jueves, 8 de septiembre de 2011

PINTADO DE COLORES.


Me encontraba con todos los Mayos, allí, quizás,
se precipitaban alegrías y mullidas algas
donde el mar daba una vuelta, sonidos de olas
en largas tardes de sol, enamorados,
escondidos donde las rocas dejaban una sombra, también,
tras las ventanas pintadas de blanco, viejos visillos arrugados
con zurcidos verdes en forma de hojas de trébol, escondidos,
tras las camelias crecidas en tierra negra y jugos de estiércol.
Éramos niños, escrutábamos, caballos blancos con una mancha marrón, allí, quizás,
gentes esplendorosas que no trabajaban,
con vidas tan plenas que siempre se reían.

Había palomas, zapatos de charol, bombillas rojas, pañuelos en forma de bolsillo, y gitanos cantando, y tú piel olía a restos del mar, no era mi boca, eras tú que formabas mis labios. Entonces, cuando los mayos llegaban, soñábamos veinticuatro horas,
mientras sentíamos las máquinas coser pantalones, y las tahonas cocer el pan,
o hincharse corazones escondidos, allí, también, donde el mar daba una vuelta.

Había ido hasta California a darle besos a Bette Davis, y transcendía,
dentro de tú boca, te dibujaba paisajes con un dedo apoyado en tú sien,
te hacía conchas del mar con un hilo de bramante y nombres dibujados dentro,
y te amaba,
por los siglos de los siglos, allí, quizás, donde las flores que salen del mar se vuelven blancas para no morirse.

Mi padre tenía bigotes de color naranja, y le subía el humo por los ojos, y olía a cuarterón, y le contaba mentiras, de que el mar no estaba allí donde decía.
Luego íbamos por la calle y olía a cuero y a caoba de guitarra, a barniz.
De los balcones colgaban geranios rojos, allí, también, donde estaba aquella vuelta del mar.

Yo sabía que llegarían las tardes de Junio y Agosto, a Julio no lo cuento, más largas aún, pero habría girasoles y largas siestas, y estarías tú entre el ruido de las vecinas, azoteas, chimeneas, tendales azotándose contra el viento, y letras bordadas en mis bolsillos, allí, quizás, los lentos días no interrogaban, no había porvenir, y el tiempo estaba pintado de colores.

3 comentarios:

Anita Noire dijo...

Vale, tengo una vena que se me ponen tierna cuando leo estas cosas que escribes.
Bss

KENIT dijo...

Gracias, Anita. Un abrazo grande para ti.

Bandada de palabras dijo...

:)