domingo, 9 de octubre de 2011

AGUANTARÉ AQUÍ.

Yo soy uno más de los doscientos mil que trabajamos en Google buscando palabras. Yo trabajo en una máquina llamada Algoritmo y es de uno de los últimos modelos, lleva un filtrador de palabras con movimientos vertiginosos sobre dos paletas y un eje axial, las palabras más grandes se quedan arriba, y las más pequeñas se van cayendo a otras máquinas Algoritmo que atienden mis compañeros. Mi jornada es de ocho horas. Es incansable. Sólo nos dejan cinco minutos para echar un cigarro (el que fume), o para ir al baño, previo levantamiento de la mano derecha para ser sustituido por un compañero. Os tengo que decir una particularidad, las palabras que más buscamos son: amor y sexo.
El otro día regresaba a casa muy cansadito, con mi camisa blanca, informal, y el nombre de Google de colorines, debajo de mi bolsillo derecho, y encuentro en el portal a la del segundo, creo que se llama Amanita (como las setas), y me dice, oiga, usted trabaja en eso de buscar palabras por Internet, pues yo estoy buscando una y no me sale, y le digo: pues usted la pondrá mal en el buscador, y ella me dice: ¿mal?, qué va, si es que son ustedes un desastre. La señora Amanita llevaba detrás de la espalda un muñequito, y un capirote rojo como el del día de los santos inocentes, no le di más conversación, dicen en el bloque que no anda bien de salud mental.
Lo que no me dijo es que palabra andaba buscando; vete tú a saber.
La gente me pide cosas raras, y no sólo la gente que no conozco. La noche del viernes al sábado a las tres de la mañana le da a la Nora (mi mujer) por cogerme el culo, luego le da por ponerse en la cama manos abiertas y piernas abiertas y le da y le da y le da y sin muchas ganas me tuve que poner encima de ella muy a medio gas; casi dormido. Cuando hacemos el amor la Nora y yo, siempre hablamos de nuestras cosas, muchas veces del niño, de cosas de la vida, del tiempo, de la loca del primero que no para de traer basura y ya huele; aquel día me suelta lo de la palabra “stramonium”, coño, le digo, pues mira nunca la vi caer por el filtro, y en aquella me corrí, se me había olvidado el condón, y le dejé unas gotitas de semen a la altura del ombligo. Salió como un rayo, y muy mala hostia, hacía el bidet:¡Mamón, no te pusiste el condón! ¡Qué maricón eres! ¡Mira que si nos sale otro como Vicentito!
Google tiene edificios standard, unos tres mil ochocientos veinte en todo el mundo. Estamos todos en nuestras salas muy abigarrados, apenas separados por unos biombos de media altura y un archivador. Es como un hormiguero. Me acuerdo un día en que tres máquinas de las que paginan los PageRank, se les averió la alimentación hidráulica al fallarles dos válvulas antirretorno de los sistemas de presión que se encuentran el sótano. Fue increíble, se desparramaron por el pasillo más de ciento veinte millones de palabras; tuvieron que venir seis camiones cuatro ejes para disipar todo aquello, y volvimos a dar servicio a las cuatro de la mañana. Aquel día, cuando llegué a casa, la Nora andaba a vueltas con Vicentito por un dolor de la tripita.
Un día se acerca a mi Monina, la que alimenta de palabras reversibles, las que diciendo lo mismo al final no entiendes nada; las que igual suben que bajan por las cribas. Me dice, que la llamo la Jefa de Sección al despacho por una protesta del Ministerio de Economía, por lo visto andaban buscando la biografía y los tratados de Keynes (en concreto: Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero), que lo querían poner en práctica otra vez, y que no lo encontraban en Google en el idioma castellano. La Jefa le dijo que habían comprobado el filtrado y que el problema estaba en ella, y ella le dijo, pues a mi Keynes no me parecía antes reversible, por eso no lo puse como tal, mira que poner a este tipo en boga otra vez.
Yo cuando llego a casa estoy muy cansado, siempre la loca del primero, como si me estuviera esperando para echarme en cara una palabra, como si yo las supiese todas, y luego Nora que se me abre de piernas y me habla del tiempo mientras follamos, y lo mal que empiezo a dormir de tantas palabras que tengo que ver, y que no entiendo, a lo largo del día.
Si encontrara otra cosa me marchaba de Google, el sonido de las máquinas, el olor de las palabras, al entrar, en la fábrica  ya me pone malo.
El trabajo está realmente mal. Aguantaré aquí.