martes, 25 de octubre de 2011

GIRASOLES.


La muñequita, un nudo de lana y ropitas de sábanas rotas, y unos arces con las hojas rojas que trasparentaban el azul como si dibujaran miles de firmas con lapiceros de colores. Una carretera muy larga por donde pasaban coches cada dos horas, un camión iba lleno de gallinas y era una prisión de gallinas, y los girasoles se daban la vuelta al medio día en aquel sitio en que la carretera era un badén y te podías suicidar cada dos horas si eras muy listo.
Yo una vez te vi con una blusita que tenía una pajarita en forma de hélice sobre tu espalda, la blusa era blanca y tenía una mancha de huevo sobre un bordado de una casita que echaba humo; pero no me dejabas tú muñeca cuando subíamos a la carretera, y en la carretera esperábamos a que pasase un coche sobre el único cambio de rasante que había, la carretera venía desde aquello tan lejano que era donde empezaba el infinito.

Me llamo (Beni) Benigno.
Ahora mismo no estoy haciendo nada, no tengo ganas de hacer nada, no voy hacer nada y presiento que tardaré en hacer nada, es esa forma en que te encuentras cuando te sobra el mundo y no quieres hacer nada, sólo dormir.
Recordar es no hacer nada.

En el lavadero las mujeres tenían un culo que se movía a ritmo de mambo y el agua estaba muy fría. El lavadero tenía tejas gordas de pizarra, y nidos de golondrinas en unos aleros en formas de festón. El agua olía a jabón de sebo y dejaba unos rosetones blancos que querían ser espuma pero no eran como la espuma.

Había lagartijas que se asomaban igual que lo hacen las lagartijas.

Y yo me sentaba a esperar para subir contigo con tu muñeca de trapo y jugar a que se suicidaba en medio de la carretera, haciendo tiempo, cada dos horas, por si pasaba el coche de línea o el taxi del Patriarca que tenía dos agujeros en las puertas de atrás y era de madera por dentro. El Patriarca que tenía unas gafas tan gordas que siempre iba arrimado al limpiaparabrisas todo lleno de mosquitos y moscones medio muertos.
El Patriarca que un día a las tres de la mañana se cayó al río por el puente de la Hondonada recién entrado el primer domingo de septiembre, porque decían que tenía mucha pena por ti y por tú muñeca de trapo.

En la cuneta también había amapolas todas rojas, y una vez vimos una culebra y un hombre allí tirado, y la culebra pasó de largo, y el hombre siguió durmiendo.

La muñeca no quería suicidarse porque era de trapo y además era feliz y cuando la besabas mucho siempre se reía (bueno, se reía siempre porque tenía la boca dibujada hacía arriba). Y si la poníamos en aquel cambio de rasante tan brusco y nos alejábamos parecía un puntito blanco allí tirada. Por un lado estábamos nosotros y los girasoles girando muy despacio, al medio día sólo se paraban un poquito, muy amarillos, llenos de avispas, abejas y abejorros con su traje medio negro, entre aquel hervidero evaporado, que hacía que en la distancia se moviese todo, menos tú muñequita que estaba allí tirada, suicidándose.

¿Era un espejismo, o un sueño? La muñequita de trapo nunca se quejaba sobre el asfalto pegajoso.

Tener una carretera, un lavadero y girasoles eran tener muchas cosas, y además cuando bajábamos por la senda había una tubería media rota por donde bufaba el agua, muchas libélulas, y los arces muy tupidos de hojas por donde casi no se veía el azul.

Un día jugábamos a suicidar a la muñeca de trapo, y otros días te perdías entre los girasoles y te buscaba al escondite entre los girasoles, entre los girasoles no oyes nada, acaso los girasoles hablándose como se hablan los girasoles, contándose sus cosas de girasoles, hoy hace un buen día, cómo está usted, hoy está pleno de luz, hoy da gusto ponerse a tomar el sol con todos los girasoles.
Un día que era de escondite y que yo salía de entre los tallos verdes tratando de buscarte, encontré de repente la carretera, la carretera se hizo sin quererlo como una gran pista que te llevaba o te traía del infinito, y miré a los lados y estabas allí, en el cambio de rasante, estabas allí tirada, y corrí mucho hacía ti porque estabas tan extrañamente quieta, como si te hubieras suicidado tú que estabas hecha de piel y tú muñeca que estaba hecha de trapo.

2 comentarios:

EDUARDO YAGÜE dijo...

Magnífico, Kenit.

Poma dijo...

Hay blos, cuya visita es un vicio...este por ejemplo.
Petonet Kenit, de la Balbi.