sábado, 8 de octubre de 2011

INDUMENTARIA.

Hoy cuando llegué a casa eran las ocho de la tarde. Traía puesto unos calzoncillos de abanderado modelo underwear de cuadros a rayones grises en transversal y longitudinal, una camiseta tipo atletismo de color blanco de marca oysho (debe ser china), y que pone en la etiqueta we care about you. Bien. Los pantalones eran de pana de color verde oscuro hechos por confecciones Sur, en la calle Santa Justa de Málaga, ochenta por ciento de algodón, aunque en la etiqueta ponía Cortefiel de la talla del cuarenta y cuatro. Una camisa de la marca Cortefiel, pone en la etiqueta poplin Collection, talla xl, de color beis tirando a oscuro y rayas verticales de color vino. Un jersey de pico haciendo juego con el color del pantalón talla xl, no puedo deciros la marca porque tiene la etiqueta arrancada, desconozco por qué, yo no me acuerdo de haberla arrancado. Bien. También llevaba un chaquetón de la marca Pedro del Hierro, el color es más bien azul marino, pero tirando a oscuro. No vi la marca de los calcetines pero son de lana de color negro. Y unas botas bajas de cuero marrón calor de la marca Clarks, no estoy seguro con la r intermedia, por el desgaste de la suela, esa letra ya no se ve muy bien. En los bolsos tengo un móvil de la marca Nokia. Un pañuelo blanco, un llavero con las dos llaves: de casa y del portal, la de la oficina, la del garaje, y la del coche, el coche es un Polo de la Wolswagen que tiene unos seis años de color negro. En el bolso de atrás del pantalón hay una cartera, con treinta euros, un dni, el carnet de conducir, una tarjeta del ing, un carnet de colegiado, un carnet de la biblioteca municipal y una agenda que tiene exactamente doce teléfonos apuntados. Estos últimos detalles los digo como complemento; no quiero cansar mucho.

En fin. Cuando llegué a casa todo estaba oscuro y me olía a lentejas pegadas del día anterior. Lo primero que hice fue encender la luz del pasillo, quedándome unos instantes quieto. No pensé en nada. Decidí entrar en la habitación. En la habitación aún me olía al coño de la puta de mi ex, no sé por qué me sigue oliendo a sal y a ocle. Allí me volví a quedar unos instantes parado. Luego me empecé a desnudar tirándolo todo encima de mi cama. El orden para desnudarme fue el siguiente, no enumero: Chaquetón, los zapatos, pantalón, el jersey, la camisa, la camiseta y los calzoncillos. Los calzoncillo antes de tirarlos encima de la cama los olí varias veces por la parte que da a la raja del culo. Hoy me encantó, estaban ligeramente cagados.

Bien. Como podéis suponer estoy en pelotas, solamente con los calcetines. Lo que oigo ahora mismo no es mucho, algún grito por el patio de luces, desaforado, de histérica, algún gorrión, y el murmullo casi imperceptible de la calle.

Me quede pensando otra vez. Y me fui para el baño. Llevo exactamente dos meses sin echar un polvo, y aunque no tengo muchas ganas de follar desde que me dejó esa puta pécora, creo que me tengo que hacer una paja, más que nada por higiene.

Bien. Estoy delante del espejo del baño. Mido uno setenta y seis descalzo, tengo una ligera barriguita como una semiesfera, partir un mundo de colegio, coger la parte del ecuador para arriba, la mitad, más o menos. Mi cara es escuálida, con los pómulos ligeramente prominentes, ojos grandes, y el poco pelo que tengo peinado hacía adelante. Para la edad que tengo no estoy muy caído muscularmente, aun guardo cierta prestancia de la cantidad de deporte que me hicieron hacer.

A lo que iba. Mi polla mide dieciséis centímetros estando bien empalmada. Ahora mismo es un colgajo indecente. No tengo muchas ganas, pero, como digo, por higiene, me la empiezo a cascar en el formato in capuleto in crescendo, agitando el prepucio y de vez en cuando pasando la uña por el frenillo. Tardo algo así como cinco minutos hasta que se me empieza a poner dura. Empiezo a pensar en la puta de mi mujer, en el último que le eché cogida a la barra del baño, por atrás, metiéndosela por el culo. Cierro los ojos, y me vienen varios borbotones de semen en forma de gusano de lo revenido que estaba.
Me cago en su puta madre, si no me lo casco mesetapona.

2 comentarios:

Anita Noire dijo...

Que malo es el taponamiento :)))))

KENIT dijo...

Y que lo digas, Anita. Hay que sufrirlo.
Algunas veces como el reuqeson.