sábado, 15 de octubre de 2011

MI MANO DERECHA.


Llevo cerca de un año con una ansiedad que está condicionando mi vida. Había refrenado mucho mis impulsos instintivos antes de esta situación. He perdido la delicadeza para poder amar con cierto orden. Incluso, a veces, tengo la sensación de estar castrado simbólicamente. En lo que yo llamo mi conciencia aparecen irrefrenables pulsiones que a veces me dan hasta terror de mi mismo.

Me habían hablado de un trauma en mi nacimiento. Tanto tiempo allí en aquella suavidad como si no quisiera separarme de mi propia madre. Esta es una fantasía recurrente. Es como si llegasen a mi como una inundación todos los estímulos recibidos durante ese corto trayecto hacía la vida. Mi sistema nervioso bombardeado por infinidad de estímulos que me obligan a contener reacciones excesivas.

-¿Es que estoy loco?
-¿Mi madre también me trasmitió sus ansiedades?

Cuando mi madre desaprobaba mi conducta sentía una desazón increíble, próximo a un desencadenamiento somático sin precedentes. Incluso con repentinos e inmediatos eccemas ectópicos.

Quizás tenga algo que ver con mi desamparada maduración como niño, cuando mi relación biológica y psicológica eran de una dependencia total. Ese miedo a la pérdida de mis ataduras como si temiera ser un naufrago indefenso. El miedo a la pérdida del amor de mi madre.
-¿Pude haber nacido solamente con miedo y con rabia?
-¿Fue mi madre sobreprotectora?
Lo único claro de todos estos razonamientos es mi vulnerabilidad al stress. Trato de rodearme de argumentos reparadores sin conseguirlo. De ahí mis estados de agitación en momentos que no puedo controlar.
Fui desaprobado de niño infinidad de veces. Castigado infinidad de veces. Mis padres tuvieron respecto a mi expectativas excesivamente elevadas. Quizás mi conciencia demasiado represiva y escrupulosa haya heredado también esas rigideces.

He conseguido meditar. Me he sobrepuesto al dolor. Incluso he roznado metódicamente mientras me desangro en el lavabo, casi sin fuerzas. Mi imagen pálida sobre el espejo, mientras sostengo mi polla, colgando como un trofeo, de los dedos de mi mano derecha.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Escribes genial.
Pola.