viernes, 30 de diciembre de 2011

DOLIENTES.



Yo no sé si estaré vivo cuando lleguen los tres arcángeles. Me da mucho miedo.
La manzana no cae a su abismo porque esté llena de materia, se precipita porque ya estaba muerta.
Tampoco está claro hacía dónde nos extendemos. Aunque no lo creas, no sabes a dónde vas. Aunque no lo creas solamente percibes de lo que te rodea una mínima parte del espectro que va desde al amor más tierno a la violencia más absoluta.
En cualquier punto de esos colores infinitos quédate a suponer lo que no captas.
Has de suponer que siempre podrás estar entre la cruz de una mirilla, dispuesto siempre a morir, debajo de un dedo que razona si apretarse.
O cagando en los fétidos servicios de una estación de tren.
O dando vueltas por un descampado buscando a alguien que te acaricie.

No me desees nada. No es verdad. No tienen fundamento teórico tus deseos.

Mi hermana vive sola y siempre tiene un ramo de flores sobre una mesa camilla. Mi abuelo Carlos vive sólo y se asoma a la ventana del comedor a eso del atardecer, y siente el frío de la materia oscura. Mi amigo Pablo tiene un apartamento en las afueras y vive sólo, y algunas veces sale a buscar amor y regresa con una barra de pan y una lata de mejillones. Yo vivo sólo y tengo un gato y una camisa blanca que suelo poner los domingos por cambiar el ritmo. Pablo y yo somos amigos de Onan, pero yo tengo miedo por las noches y muchas veces me acerco hasta el mar porque me angustia la muerte.

La imagen del espejo no es cierta. Si te vas a hurtadillas te quedas allí.
Abre tus muslos, quiero permanecer.
Abre tu boca a las seis de la mañana, no me importa.
Déjame olerte, no me repugnas.
Prometo cuando me hables levantar mis ojos.
Escupe en tu mano. Acaríciame.

Habían dicho una vez cuanto silencio tiene que haber para que sea demasiado.
Quiero decir que el silencio tiene masa y energía y se estira, silencio en el sentido de no tener donde asirte cuando te sientes perdido.
No sé si has percibido lo que el autor dijo de los insectos. De cómo se mueven desde esa perspectiva. No sé si te has preguntado a dónde van con su desproporcionada carga, cuáles son sus motivos. No sé si has tenido tres minutos para seguirlos con los ojos.

A un anciano lo acaban de sacar hacía una galería. Y se ha quedado allí hasta el medio día.
En estos momentos a un hombre se le ha olvidado algo, y es una premonición de que desde ese instante empezará a olvidarse de si mismo.
Y en otro lugar un Superhéroe sostiene el diálogo de un niño.
Lo afirmo.
Por cada ser humano feliz, hay veinte débiles y dolientes.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

ferviente desorden
Paula.
El don de vivir

Pepe Cabrera dijo...

Hola Kenit:
Mi visita para desearte un feliz y productivo año 2012 en lo que se refiere a entradas en tu blog, aunque esto para ti no será difícil.
Felicidades.
Un abrazo desde Málaga.

KENIT dijo...

Gracias, Pepe. Otro abrazo para ti.
Que se cumplan todos tus sueños.