jueves, 29 de marzo de 2012

MUY PESADA.



Volver al punto de partida: El mismo camino y los otros dos caminos a elegir. Volver a decidir los mismos sucesos. La curiosidad no es más fuerte en mi que otro sentimiento cualquiera. Hay tanta inmensidad que aún sabiendo que elegiré el mismo camino de siempre, me siento unos instantes a pensar en cómo repetiré la misma tristeza.

Sin acogerme a lo que la naturaleza me ha dado me traslado con esa sensación de que voy aprisa. Y en realidad no puedo deciros si es cierto. Me comparo con otras veces que iba lento. Desde hace un tiempo a esta parte camino como un recluso liberado, con esas largas pisadas que iban de una pared a la otra en las salidas al patio. Lo extraño es que no soy consciente de esta ceremonia en el sentido de qué armonioso, ni a  qué amplitud acelerada. Ni si en algunos intervalos avanzo constante sabiendo de dónde he salido ni a dónde voy. Tampoco puedo deciros  cuánto tiempo entre dos puntos, porque desconozco la trayectoria al ser esta completamente aleatoria.

Desde el origen todo mi movimineto ha sido una forma de escaparme, incluso cuando me acercaba. Es esa sensación de que constantemente me estoy alejando. Me habían postulado en varias circunvalaciones, y cuando me miraban, alguien podía decir, con cierta exactitud: está ahí, pero si daban la vuelta no tenían ningún fundamento real para decir que seguía en el mismo sitio. Quiero decir que no era como cuando vas en el tren y aprecias con tus ojos un árbol grandioso que pasa vertiginosamente delante de ti, y que cuando dejas de verlo puedes afirmar con total exactitud de que el árbol sigue ahí, en ese lugar, pasando velozmente delante de otros ojos. O como cuando miras a la luna, y luego dejas de mirarla, puedes afirmar con cierta seguridad de que la luna sigue ahí para otros románticos aunque no la veas.
En mi caso si me mirabas estaba en una posición, si dejabas de hacerlo y volvías a mirarme estaba en otra diferente. Tenía esa percepción de las cosas, esa sensación de que nadie nunca podría determinar mi posición exacta. Eso me preocupaba e inquietaba sobremanera.
Todo en mi era de una extraordinaria ambigüedad. Sobretodo en los dos instintos que mantienen viva a la especie: la comida y el sexo. Además de otras rarezas que no voy a pormenorizar en este pequeño relato. Aquella manía de mensurarlo todo antes de deglutirlo, era como un sentido extraño de estar comiéndolo antes de comerlo, de percibir los sabores, de sentir su masticación, de darle vueltas en la boca. En cosas del amor era parecido. Antes de desnudarnos me llegaba su piel, la percibía, percibía el leve contacto, sus labios en mi nuca, las bruscas caricias, la obligación de ponerme a cuatro patas, cómo agarraba mis huevos debajo de mis piernas, cómo acariciaba mi culo y luego la presión dentro de mi ano, sintiendo como su verga llegaba hasta mi mierda, y aquella sensación extraña de sentirlo cogido a mi, o violentamente contra mi culo como si me diese fuertes palmadas en mis glúteos, y al final la cálida sensación de su eyaculación y estremecimiento. Todas esas sensaciones eran percibidas en una rara dimensión anticipada como una premonición que fielmente se cumpliría a los escasos minutos.
Pretendí innumerables veces bajar hacía atrás desde el tercero cogido con mi mano sobre el pasamanos de la escalera muy lentamente, un paso atrás,  otro y otro, quería disfrutar de aquella forma de avanzar, invertir la forma del desplazamiento para percibir que aún estando alejándome me acercaba, pero fue en vano, aún así, nadie pudo determinar mi posición exacta. Esta forma de avanzar me causó innumerables problemas en la calle, por tropiezos incontrolados, riesgos innecesarios y la jocosidad y el delirio del resto de los viandantes, que nunca me percibieron en el mismo sitio cuando dejaban de mirarme.
Desde hace un año mi vida está rodeada de inusuales fenomenologías. Tengo la percepción de que no soy ubicado por el entorno inteligente. Tengo la apreciación de que los demás no me fijan dentro de su mundo, me siento desplazado. Mi familia y mis amigos me aborrecen por la pesada y machaconas incongruencias de mis preguntas: siempre con las mismas diatribas: ¿cómo me ves ahora?, ¿y ahora? ¿En qué posición crees que estoy? ¿Cómo me percibes? Sin duda alguna presiento su alejamiento, aumentado progresivamente mi aislamiento. En la última comida familiar me vieron comer sobre un plato vacío, llevar a mi boca una cuchara vacía, masticar pan ficticio, beber de una copa sin un poso de bebida. Y de eso otro, tan absoluto y determinista, me ven acariciar, besar, sentir, en posturas ridículas, con mis brazos abrazando contornos invisibles, como si solo estuviera el aire para poder amarlo.

No sé cuánto tiempo habré perdido digiriendo mentalmente estos dos actos vitales. O preocupándome de mi posición aparente. Fijándome en donde los demás podían encontrarme cuando dirigían sus ojos hacía mí, o devorando las viandas previamente  como en una ceremonia religiosa. Nunca he percibido el que avanzase, tampoco el que retrocediese. Y medito muchas veces si el estar parado sólo es una parte del tránsito.
No sé si deciros que me angustia mirar un hormiguero.

De los dos caminos, siempre elijo el mismo. Mi vida, tengo que decirlo, se está volviendo muy pesada.

2 comentarios:

Ina dijo...

Hacia un rato que no pasaba por aquí. Nuevo diseño, nuevo nombre. Solo una sugerencia, qué tal una letra más pequeñita?? :)
En cuanto al texto, grande. Siempre intento imaginar si las cosas que escribes son autobiográficas o no. Ahora me explico tanta fijación con la luna.
Un beso.

Kenit Idus dijo...

Hola, Ina. Gracias por tu visita.
Un abrazo.
La letra pequeña: por lo visto me leen muchos ancianos...jeje