domingo, 5 de agosto de 2012

NOTICIA



Después de un profundo sueño esperaba noticias sin saber a ciencia cierta, si habría originado alguna acción que ocasionase recibir noticias, estando sentado esperando un gesto de alguien, un acercamiento a mi posición típica de esperar noticias.
De tanto tiempo sentado aquella mañana soleada sólo podía observar cientos de gaviotas locas, y una calle empedrada que dejaba ver al final un trozo de mar calmado. Yo sabía que era lo idóneo para recibir noticias, sin aún, saber ciertamente qué día debería suponer que fuera, indistinto para recibir noticias.
A eso de las once de la mañana, ya subido el sol, mi sombra se había encogido y ya no tenía forma de silla con un cuerpo reposando, era sencillamente una forma geométrica que debías imaginar como mi sombra, sin más particularidades. A esa hora que comento vi subir aquel hombre ataviado con una gorra de plato, uniformado a pesar del calor, subía renqueante moviendo el cuerpo hacía los lados como apesadumbrado y sin ganas, llevando un sobre en la mano. Ciertamente pudo dirigirse a muchos sitios adyacentes, pero los iba pasando, y tuve el presentimiento que al venir por el centro de la calle se dirigía irremisiblemente hacía mi.
Lo que quiero contaros ahora, no es de qué se trataba la noticia, no tendría mayor importancia para vosotros. Lo que quiero contaros fue mi estado en esos instantes previos a que llegase la noticia. El tiempo transcurrido desde que tuve la certeza de que aquel hombre uniformado se dirigía a mi con aquella carta, hasta que estuvo a mi altura. Jamás os desearé un estado de excitación semejante, mi vientre jadeaba, un ligero temblor recorrió mi cuerpo, mis piernas posada una sobre la otra comenzaron a temblar con un repiqueteo de tambor, mi vientre tuvo esa sensación de ganas de defecar, y sentía como si un puño recogiese mi duodeno dándole vueltas y vueltas. No supe jamás por que qué me embargó aquella excitación enfermiza. Cuando llegó a mi altura su cabeza se puso de la parte del sol que me alumbraba. Posiblemente dijo mi nombre, no lo sé a ciencia cierta. Estiró su mano, yo estiré la mía. Al darse la vuelta observé su espalda encorvada alejándose en un bamboleo inestable.
Por fin, la noticia había llegado. Pero en este punto, en que mi cuerpo ya estaba fuera de aquel nerviosismo inquieto, decidí permanecer con ella en mi mano largo tiempo. Incluso después de haber pasado todo el sol, aún permanecía en mi silla, viendo ahora el mar agitado de un color blanquecino tirando a gris en el horizonte. Dentro de mí había ahora nuevas inquietudes y desasosiegos, qué hacer con la carta, si abrirla para conocer las noticias, o romperla para quedar como hasta ahora a merced de mi imaginación suponiendo todas las posibilidades.
Ciertamente no sé qué hacer, y aún permanezco aquí, ya anochecido.
¿He de decidirme al fin a conocer la noticia?

1 comentario:

goab dijo...

Es más necesaria tu decisión que lo que al final decidas.