sábado, 29 de diciembre de 2012

EL TAQUILLÓN.





Me entra tú cuñado Julián como un perro de presa, tiene cara de mastín rapado con ese anillado a lo cerdo fociquero que se puso en la nariz, y me dice lo de que era tonto con diploma, oyes a mi tú no me faltes, tú cuñado va de listo o le remueve tú hermana el espíritu de mal fario, sí sí sí, y también te digo que a mi tú hermana Brígida, la de Francia, me lo dijo claro, y tú que eres la hermana mayor también, tan claro como el agua, pásate por casa del tío Pablo y pon en el Cero para vender los muebles de nogal, así fue como se me dijo, textual, y tú que eres la mayor, y mi parienta, deberías de poner orden.

-Me repateáis. Yo no soy ningún chorizo; chorizos en tú puta familia de ovejos.

Yo a casa de tú tío Pablo entré dos veces: una cuando lo encontraron muerto, y otra cuando fui para poner el anuncio para vender la cómoda y los dos armarios de la habitación grande, el resto se lo llevó todo el mastín, chica, si no dejó ni un triste vaso para beber agua; arrampló hasta con la tapa ortopédica del vater.

-Que lo hubiese registrado el mastín, que lo cizañan y va de perdona vidas. Un día lo arrodajo, le hago caligrafía en la barriga, que no me falte al respeto.

Brígida me llamó ayer y le tuve que colgar, así de lagarta y chula, oyes como no miras los cajones antes de mandar llevar los muebles, para doscientos cincuenta putos euros que sacamos, me dijo de todo, y yo le dije lo mío, mucho cuento ahora, mucho cuento, y mira que te quería el Tío, ni una puñetera vez lo fuiste a ver, y le dije más, mete el coño en una palangana con sosa cáustica que te apesta. Y colgó. Tú hermanas tienen cara de pulgón, es de las que pican y se esconden, si pudieran te dejaban sin sangre como un tábano, si tuviera que follar a la francesa ni con una pistola en la cocorota, que me peguen un tiro si la follo; ni que me la chupe le dejo, lo mismo te la muerde con los dientes de gremlins que tiene.

- Tú ya no eres así, a ti te amansé yo a polvos.
Acabaremos mal, bueno ya hemos acabado. Tú eres una cabrita que les haces caso. De mí no desconfía ni Dios, lo entiendes. Si aún te untaré, ya sabes. Y no me vengas diciendo que el tío era recto y decente, al tío con sus setenta años aún le picaba el cachorrillo, y se lo pagaba; muy limpio no sería, pero se lo pagaba a domicilio.

Ya te dije que al tío lo mató contoneándose una rumana, aquella cara que tenía era tan dulce que no es normal morir tan contento, le habían hecho chiripitas, o la danza del velo, y el juez que no es tonto lo vio, y le sacaron aquellos rastros de corrida, y varios pelos de medio metro, qué sí, o china estrecha o rumana, negra no, la negra pela mal, y es enroscado, eso fijo, negra no, yo me inclino por las rumanas del Parque de los Laureles, o por las chinas del Adonay.
En el Cero yo puse: Muebles. Se vende cómoda y dos armarios de nogal, con dibujos tallados en wengue, los armarios son de porte antiguo, a lo austriaco de hace siglos, con muchas figuritas de angelitos por el borde y nudos de mariposa; la cómoda de cuatro cajones muy amplios con un cristal reclinable de forma de huevo. Y casualidades de la vida, de algo que no había esperanza de venta, tú tú tú, me llaman a los tres días, y tú hermana, Brígida (oh, casualidad) recibe la carta de tío con lo del dinero a los cuatro días, y yo, como para darle prisa le digo al del teléfono, pues venga usted con el camión a la calle Acueducto veintiocho, segundo d, yo los espero, por doscientos cincuenta euros, si lo llevan de aquí, es todo suyo.

-Osease, como ves, fue todo cuestión de horas.
-¿La Brígida no tiene móvil?

El Tío era de cariños para Brígida, le daba sus secretos, y algo presentía. Si no te vas de repente, la muerte suele dejar sus cosas, no sé cómo decirlo, es un rastro de cosas, de cosas que se piensan en silencio, la muerte no viene así como así cuando te quiere llevar en reposo, deja rastros, deja cosas. El tío se murió al correrse, fijo; por lo menos disfrutó, tiene que ser la repera irte de boleo (a lo hay hay hay hay, que me voy) y morirte a la vez cuando lo sueltas todo, la soledad incluida. Morirse así tiene que ser de purgatorio, si no es más; pecado pecado pecado. (No te salva ni la caridad, ni aunque digas al Arcángel aquello de que estabas más salido que el pico de una cigüeña).
Vinieron con una Citroen Jumper, pero no traía rótulos, ni teléfonos ni hostias; era de color blanco. Vinieron dos con el conductor, y uno llamaba la atención de lo gordo que estaba, se le veía el pinganillo del culo cuando bajaban los armarios desarmados. La cómoda, no, ya te dije que no la desarmaron, la cómoda, menos el espejo, bajó en una pieza como si fuera un ataúd.

Me llama la vecina, oiga, usted es familiar de Don Pablo, el del segundo d, sabe usted si se iba a marchar a algún lado, que yo sepa no, le digo ; pues oiga, mire, lleva días que no da señales de vida, y la escalera ya tufa, y mi perrita Laika escarba debajo de su puerta, y ya sabe, los perros huelen cosas, a la perra le tufa y si le tufa, pues mire, le digo yo, mañana paso, aunque lo mismo se fue sin avisar, pero si tufa, raro es, el tío es muy limpio, ya sabe usted.

Le dije mañana, iré mañana, no en el momento, el tío era tuyo, de ti, ¿me entiendes?, no mío, y deja de tocar los huevos o te unto,caprichosa, que eres una puta caprichosa; si es que aún te voy a untar, so pija.

Vamos, que al Tío lo mataron trajinando me pongo la mano en el fuego de que es verdad, y bien que lo apretaron al pobrecito, no hace falta ser un Sherlock Holmes para darse cuenta de cómo lo encontré, que sí, que atufaba, calzoncillos bajados, medio tapado, y ni una gota de violencia, solo aquellos ojos abiertos, y aquella mueca que no era de angustia ni de soledad ni de miedo ni de impaciencia, aquella mueca era dulzor después de haberle catado el Puleva, instantes después del hecho, llámalo cómo quieras. Me gustaría ver la cara de la furcia cuando lo descabalgaba.
Dicen que si te mueres jodiendo se te queda dura como un témpano.

Yo la cómoda como que no me dio por mirar bien, bueno, abrí los armarios, y de la cómoda te juro que también fisgué en los cajones, y te juro, que aparte de unas revistas allí no había nada de nada, así que vía mucha vía que me dais asco, sospechar de mi, os voy a mandar a todos a tomar por el culo, si el Tío le dijo a la Brígida que en un doble fondo del taquillón, en el cajón de abajo, había cincuenta mil euros, que hubiese llamado antes, si te digo, no sé ni a quien le vendí los muebles, aquí os dejo los doscientos cincuenta euros, y os vais todos a tomar por el culo, y el móvil del de la furgoneta por si queréis llamar, no te jode con los piojos chupadores, iros a tomar por el culo, hombre.
-Ojala se os aparezca el Tío.

1 comentario:

La abuela frescotona dijo...

lloraría un largo tiempo por los cincuenta mil perdidos, creo que deben seguir en el doble fondo... saludos Kenit