viernes, 14 de febrero de 2014

PRESA.



El inmenso día, en el sentido de muy largo.
Sin tener duda de tu propio calor, de tus manos,
de tus pies, y el respirar,
y el olor.
Muda la voz, con gestos señalas.
Desde el inicio del viaje,
todos serán momentos de despedida,
sólo con los ojos,
dirás a todos que retornas, levemente,
agachándote, en cuclillas,
yendo en línea recta
a la posición en que lloraste por primera vez.
No sé por qué sólo recuerdo un día, de tantos.
El día de la semana, la hora.
Era el principio de lo inmenso, sin dimensiones,
desde la luz hasta la oscuridad,
todo el tiempo que duró
el único abrazo.
Luego la voz, las voces, tantas veces,
hasta saber pronunciar mi nombre,
y digerir mentalmente mi primera presa.

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