martes, 7 de octubre de 2014

CASIOPEA.



No tuve miedo por aquel prodigio. Tuvo lugar con los ojos cerrados, la oscuridad dentro de la oscuridad.

Parece que empezaba otra vez a escuchar las voces. Era una costumbre que estuvieses dada la vuelta mirando hacía la cómoda, y a dos puertas de armario. A mi me venían voces de Casiopea. Ya te dije como era aquello. Después de pasado el cerrojo de la puerta de entrada, si tú no hablabas, si yo no hablaba y me venían aquellas voces persuasivas, no podrían proceder de otro lugar que no fuese de Casiopea

Algunos gritos venían de la quinta estrella, la más brillante.
Algunos susurros de la tercera estrella, la más tenue.

Había una gota de la ducha cayendo sobre la bañera en morse: una raya corta y un punto, luego un silencio y la raya larga.
De la cisterna manaba un chorrito indeleble y después de no sé cuántos minutos era como si un asmático desesperado abriese la boca de  nuevo, se iba por la patita toda el agua.

Respirábamos.
Yo sobre mi corazón. Mi corazón estaba en mi cuello, y llegaba por el interior a mis oídos.
Cómo puede ser esto, estar calculando, de un lado al otro mi obra de teatro mental, personajes que desconocía. No sé cómo podía verlos con los ojos cerrados. Las piernas articuladas, ahora hacía arriba, ahora hacía abajo, ahora dando la vuelta, siempre con los ojos cerrados.

Llevo tanto tiempo sin trabajar que ya no sé cómo hacerlo.
He ido posando las manos sobre mí como si fuera una orden divina. Me sentía desnudo. Las manos iban bajando hasta acariciarme. Era una costumbre juvenil empezar a escarbar con mi uña dentro del pellejo del prepucio. En esos instantes las voces de Casiopea se iban. Me arrimaba a su culo, le levantaba una pierna como si me fuese a dar una coz y me masturbaba contra algo que era muy suave.

Era hoy cuando empezó a llover sobre los cristales. Algunas veces antes venía el aire y una brisa resbalaba sobre mi cara. Hoy no. Dijérase que la lluvia flotaba desde poniente en suaves rachas.

De todas formas...
-Por las noches hay épocas en que los días empiezan a ser más cortos como en los axiomas.
-No sé si esto es ciertamente así.
No puedo quitar de mi cabeza las voces que vienen de Casiopea.
Sería horrible apretarle el cuello mientras ella duerme.
La quinta estrella es la que más la odia.
-¿Debo seguir pensando?, o actuar ya.


No hay comentarios: