jueves, 6 de noviembre de 2014

COSAS.


A veces me pongo a meditar sobre todas las cosas que fueron mis sueños y no las recuerdo muy bien. Me hace falta más memoria, pero eso no sé si es posible. Lo que si tengo claro que al contrario de muchos botarates ningún sueño se ha hecho realidad para mi.
Meditaba así a sotavento de los visillos, abultados hacía la habitación como si una figura invisible los empujara con esa forma abombada que les da vida momentánea.
Ella estaba frente de mi. Me contuve mucho para no irme hacía ella, ella  allí, desafiante, insultante, lo ultimo que pude verle fue la mano en su coño a un puñado diciéndome comeme aquí so maricón, hijodelagranputa, picha flácida, impotente, al fin y al cabo no dejaban de ser  palabras de amor.
En estos estados, a veces, también a veces, no sé lo que contemplo, mi cabeza es tan extraña que suelo enderezarla hacía la más recóndito de la infancia cuando me daban la hostia de la primera comunión, o cuando mi padre me perseguía sin el cinturón para alcanzarme.
A veces detrás de los visillos hay una luz tenue, y un alma en pena.
Tenía sus cosas delante de mi y las contaba con mucha violencia al mismo tiempo que me pregonaba la historia generada por cada cosa, la historia de cada cosa enumerada, donde las había comprado, cuanto le habían costado, o quién se las había regalado. Al final del todo por fin abrió la puerta para irse y los visillos se fueron a barlovento muy agitados,  quedándose  girando sobre si mismos envueltos sin ningún orden.
Yo permanecí sentado.
No tenía nada que decir.
Yo apenas tenía nada, casi ni me quedaban sueños que recordar.

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