domingo, 18 de diciembre de 2016

ELLA DE VEZ EN CUANDO ME DECÍA UN !HALA,HALA,HALA! TEODORO.



Nunca nos habíamos abrazado hasta las últimas consecuencias. Abrazarse hasta las últimas consecuencias no sé qué es eso, es abrazarse mucho, es abrazarse poco, en realidad no lo sé. Hacía unos días le había dicho que teníamos que abrazarnos, no sé cuántos días hace de esto, pero se lo dije.
Un domingo el cielo no se ponía de acuerdo, de acuerdo como yo lo deseaba, unas veces azul a poniente y con unas nubecitas en el medio de la cúpula, otras veces (o a las dos horas), un tono muy gris y claro en todo lo que abarcaba a mirar a través de un hueco que casi era una ventana, por donde miraba a la calle y al cielo con mis brazos apoyados y encogidos mientras veía los camiones de descarga. Mismamente cuando decidí dar la vuelta cansado de ver el paisaje Ella estaba allí revisando sus nóminas del Súper sentada sobre la cama, se lo dije, le dije lo mismo de hacía varios días, cuánto hace que no nos abrazamos, le dije, hoy es bueno para abrazarse le repetí, cuánto hace que no veo tú coño, le aposté. Noté indiferencia en todo, o acaso supuse que aún no me había oído, o que en realidad no quería oírme. El día transcurrió como de costumbre, no sucedió nada digno de mencionar, pudo haber esa sensación de comer pan del viernes, o incluso pan del jueves, una sopa jardinera a medio día de la Gallina Blanca, algo espesa para ser una sopa digna y un filete con patatas retorcido como una mano medio cerrada. Nada digno de mencionar.A las nueve de la noche había media nostalgia, otra vez encogido en la ventana viendo atardecer, simplemente, simplemente los clareos ahogados y algún resto rojo, y los sonidos de los domingos a eso de las nueve sin mucha trascendencia.
Yo no sé de dónde venía, venía de dentro de la casa, pero no sé de dónde, y la vi sola cenando pan, leche desnatada y unas galletas mientras ojeaba una nómina del súper llena de migas. Me senté también viendo su perfil, su perfil masticando lentamente galletas húmedas de leche. Le dije, deberemos hacerlo, y ella pudo suponerlo, su rajita sobre la silla cuasi aplastada, su rajita.Vi gotitas de agua sobre el vide, dos horas después, y lo pensé de repente, Artemisa la casta diosa de la caza, Fedra la reina trágica se habían confabulado sobre el vide colmadas, cristalinas, perlas de agua como señal divina: se había lavado el coño.
-¿Era buena señal que se lavase el coño antes de ir a la cama?
Yo cené cogollos de Navarra con anchoas, bebí la grasita de las anchoas. A los cogollos los rocié con aceite de oliva, mientras todo esto tuvo que suceder que ella se lavó el coño, mientras yo ponía pimientos del piquillo sobre los cogollos, sobre las anchoas, sobre tres gajos de cebolla, sobre el aceite de oliva y el vinagre de Módena. Muchas veces quedábamos en la habitación a una hora, si dormíamos juntos. Sucede que era a una hora en punto, a las nueve en punto, a las diez en punto, o a otras horas en punto, pero siempre era en punto. Algunas veces ella llegaba antes e iba a dar una vuelta por la habitación del niño, cuando yo llegaba como ella no estaba, pensaba que no había venido y me iba a la salita a ver la tele. Ella volvía y si yo no estaba se marchaba a dar otra vuelta, y así sucesivamente, el caso es que nos encontrábamos al lado de la cama a las tantas, pero siempre era en punto.
-Hoy no.
Hoy eran las nueve en punto y ya estaba allí, panza arriba en bragas y en sujetador. Yo, a todo esto, me había lavado la polla en el lavabo. Todo era así de ecuánime. Ella así de ecuánime seguía mirando la nómina del mes del Súper_Cheap , cuánto le habían sisado el mes pasado de su sufrida retribución. Tal como digo, todo el día obsesionada con la nómina del súper, mirando dígitos con una calculadora de dígitos inmensos. Yo me puse encima de ella a eso de las nueve y media, pasarían dos minutos de la hora, treinta y dos minutos tarde de lo establecido. Mi polla no estaba mal. Le bajé las bragas, las desenganché de un pie, las bragas quedaron en el otro pie encogidas como un liguero, siempre me ha llamado la atención por qué las bragas se quedan así tan recogidas. Me hago mucho daño cuando follo con ella, su coño es una carretera de asfalto en agosto, muy seco, a ella no le pongo vaselina refinada por lo de la flora alterada por los derivados del petróleo, no quiero ver su coño lleno de flores, la vaselina la pongo encima de mi preservativo como un ungüento. Así que ella como un semicrucifijo una mano estirada y la nómina del súper en la otra, ahora sin bragas y un muñón de pelos. Yo un crucifijo entero sobre ella, entrelazada mi mano en su mano libre, quizás algo de ternura en eso, quizás un gesto de amor antes de clavársela despacito y empezar a moverme adentro afuera adentro afuera adentro afuera adentro afuera y luego adentro, y fue cuando me dijo aquello de !HALA, HALA!, Teodoro, que me corrí, y ya está.

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