domingo, 30 de diciembre de 2018

GNOSEOLOGÍA



Meditaba así a sotavento de los visillos abultados hacía la habitación como si una figura invisible los empujara con esa forma abombada que les daba vida momentánea.

Ella estaba frente a mi. Me contuve mucho para no irme hacía ella, ella allí, desafiante, insultante, lo ultimo que pude verle fue la mano en su coño cogido a un puñado, diciéndome al mismo tiempo cómeme aquí so maricón, hijodelagranputa, picha flácida, impotente. Filosóficamente me contuve. Al fin y al cabo no dejaban de ser sus cotidianas y clásicas palabras de amor hacía mi.


Yo siempre tenía aquella obsesiva ceremonia de antes de devorarla, el digerir mentalmente la presa para poder tener una extraña erección.
Al final no me quedaba más remedio que abarcarle su amplio culo,más inmenso que mis brazos, y empezar a lamer como un poseído.
Siempre era igual. Hasta cuando yo no podía más, y por mi boca derramaba su viscosa y estremecida esencia - 350 mililitros cúbicos de mala bestia-.
Siempre eran igual aquellos instantes.
Siempre.
Meditaba mientras lamía. Pensaba sin cesar en aquellas sabias palabras de Nietzsche en su inutilidad de la existencia, y la necesidad del eterno retorno al profundo coño.

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