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Mostrando entradas de octubre, 2024

FELPUDO.

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  Briseida se me dispuso aquella tarde de sábado de primeros de noviembre según lo convenido, las piernas abiertas hacía los lados, las palmas de los pies desnudos sobre el cubre cama, la almohada sobre su nuca, los ojos perdidos hacía el techo adivinando formas extrañas, según me decía. He de decir que su coño estaba poblado, tupido de un rizado negro bajo el que no se adivinaba nada, lo que los argonautas de lo "riojoso" llaman a esa parte el vellocino de oro. o felpudo, como si de un restriega zapatos se tratase. Yo en mi ritmo soy lento, digamos que mi protocolo es de pausar las partes, para que cada parte sea diferente. Históricamente con mi Briseida siempre necesario. Así que me aproximé en el inicio con aquellos besos por sus blancas pantorrillas, arrastrando mi lengua a veces, haciendo como fractales en festón, sobre su suave piel. Imposible llegar de repente e intentar descubrir aquel manjar, que el Sumo Hacedor había sembrado de unos rizados permanentes, a veces de ...

HISTORIA.

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Las historias de amor pueden tener diferentes tonos y géneros, desde lo trágico hasta lo cómico, pasando por lo dramático o lo fantasioso. Pueden desarrollarse en cualquier contexto, ya sea en la vida cotidiana, en mundos ficticios, o incluso de nuestras épocas históricas, quizás inmediatas. Pero sobre todo existen mientras la memoria está viva. La parte de amor que debe llevar mi historia me parece inconsistente. La quiero tratar con sutileza, que no signifique nada sobre la trama principal completamente trágica. Sucede en una solitaria mañana de sábado y los dos deben abrir los brazos después de un largo tiempo sin haberse visto. ¿Cómo he de describir esa situación? Acaso mi escasa experiencia en encuentros amorosos podrá enfrentarse a tal desafío? En realidad todo lo que se relata sobre el amor puede ser una jodida mentira. Colocarle aves a la cosa realza la situación. Un atardecer. Una larga galería llena de luz , tal vez. Cursiladas así. ---- Deja el inconsciente vaivén de tú mano...

TAMARINDO.

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  El Tamaríndo, así le llamaban al Suso, porque todo el día andaba con el lapicero de carpintero en la oreja silbando la versión de los Corraleros, silbando con un palillo en la boca, muy en la comisura, la tocada de saxo de los Texas Tornados, con aquel inglés a latinajos, pero lleno de ritmo, puro-mexicano de Potosí, aunque Susito era de la zona de Molinaseca, nacido en Rio de Abros. Bajaba de atardecida a Ponferrada los Domingos, por noviembre arriba, al pub los Puchos, muy dados al colorido, rítmico a lo Baby que pasó, to give a un beso... a ritmo de trikitixa pegadiza. Cuando Tamarín entra en la Pucha, muy enjuto, no muy alto, con los pantalones a lo tijera, encogidos y tirantes por la polla muy marcada, ya había aquel resplandor sideral por la bola brillante del techo, una niebla de tabaco como si fuera un faro del destino, con aquellas vueltas lentas mientras sonaba aquel disco de los Brincos, lo del tu me dijiste adios, para ir calmando la brincada y llevandote a lo le...

BAJO CUBIERTA.

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  De cómo era el día no puedo decir mucho. Diré amorfo. De ese gris alto y liso con esa sensación cambiante al claro blanquecino. Digo esto para poner el hecho encuadrado en el paisaje, por si fuera necesario más adelante para estas circunstancias. Según entras la puerta abre hacía la izquierda. Según entras lo primero que ves es una escalera color caoba que sube a la planta de arriba que es un pequeño bajo cubierta con dos habitaciones y un baño. Según entras hay un zapatillero de esos abatibles, y sobre el zapatillero dos negritas con unos cestitos en la cabeza, dos velas de colores, y sobre el techo una lámpara de lagrimones en forma de cono invertido. Según entras una alfombra de color granate se extiende por el pasillo que llega hasta la cocina. Había cerrado la puerta despacio, porque quería dar a mi imprevisto regreso el carácter de agradable sorpresa. Me descalcé a la entrada, y arrimé mi maletín a la puerta abatible de la salita. Empecé a subir la escalera que daba al pis...