EL PRIMO Y LAS ESTRELLAS.
El primo no pregunta. No hace cálculo ni espera turno. Se levanta solo, indivisible, como un astro que brilla en un cielo numérico. Mientras las estrellas titilan pidiendo historias, mitologías, el primo guarda silencio. No busca razones, no imagina futuros. Su rareza es costumbre, su soledad, exactitud. No necesita filosofía, porque ser primo es ya su filosofía entera. Y en la noche infinita de los números, cada primo es una chispa que arde sin preguntar por qué.

Comentarios