EIGENSTATE.
Llevo unos seis meses volviendo a repasar física y matemáticas con el fin de mover lo que en mi pueblo llamaban la “cocorota”. Allí dicen que mover la "cocorota" es bueno. Y lo hago recordando aquellas adversidades de juventud para intentar entender conceptos abstractos con mi mente, ya añeja, tan cuadriculada y euclidiana. Es indudable que volvemos al origen en todos los aspectos. He pasado de concebir cálculos con esa sensación terrenal de lo objetivamente mensurable, a sumergirme en los "espacios de Hilbert" y en las situaciones cuánticas que tanto sufrimiento me causaron: horas y horas intentando abstraerme para calcular en espacios infinitos, con el fin de resolver incógnitas repletas de números complejos. Revisando legajos viejos, encontré uno con una frase subrayada con tinta roja: “Eigestable del observable”. Al lado, había apuntado con letra pequeña: “estado propio del observable”. Significa que si mides esa cosa (ese observable), siempre obtendrás el mis...