PARAFRENIA.
Llevo cuatro días fabulando sobre un duende encontradizo. No recuerdo muy bien de qué forma empezó a deslizarse por el balcón a eso de las tres de la tarde; en pleno día. Lo anormal del duende es que empieza a parecer con la cabeza boca abajo, y se asoma despacio por los primeros rayones de la persiana. En esta situación, después de cuatro días encontrándolo, no sé, a ciencia cierta, si es fabulación, o su larga nariz aguileña, que parece tan real, me husmea, oliéndome todas las tardes a eso de las tres. Lo he representado muchas veces de mediana estatura, con cara amarilla, labios rojos, vestido con un holgado quimono verde, con una gorra de mago caída hacía atrás, y unas babuchas abiertas de talón y punta levantada (metidas en unos grandes pies; puestos al final de unas piernas extrañamente delgadas y corvas ). Algunas veces, cuando la persiana está bajada, siento unos golpecitos, y luego una sombra deslizarse por la parte de la luz. Lo veo allí, desde mi postura supina, embobado, co...